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La Coctelera

Categoría: Sociedad

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Un rito sencillo que fortalece el hogar y educa a los chicos

Un rito sencillo que fortalece el hogar y educa a los chicos
El asombroso poder de la comida familiar

Firmante: Carolyn Moynihan
12-10-2005
113/05

http://www.aceprensa.com/art.cgi?articulo=11894

Hace cincuenta años, antes de la expansión de las megápolis, la globalización y los matrimonios de dos sueldos, había un rito cotidiano llamado comida familiar, que reunía a padres e hijos alrededor de la mesa. Y no solo para comer, sino también para contarse cómo había ido el día, escuchar a los demás y estrechar los lazos familiares.

¿Un mito? Quizás. A decir verdad, también hace cincuenta años había empleados con turno de noche, padres que viajaban mucho y madres que trabajaban fuera de casa. Había profesionales que salían tarde del trabajo y papás que pasaban por la taberna antes de ir a casa, también tarde. La conversación en la mesa tal vez consistía, muchas veces, en peleas entre los chicos y exhortaciones de los padres: "esos modales...", "acostúmbrate a comerte lo que te pongan"... ¡Para quién no sería un alivio, a veces, poder librarse de la compañía de sus personas más cercanas y más queridas para dedicarse a sus aficiones!

De todas formas, el mito de la comida familiar encierra una verdad esencial sobre la vida doméstica y el bienestar personal que en nuestro mundo individualista y tecnificado solemos olvidar. Esto es lo que descubrió la periodista norteamericana Miriam Weinstein en el curso de un estudio sobre alimentación, y lo que le movió a escribir "El asombroso poder de las comidas familiares: Cómo nos hacemos más inteligentes, fuertes, sanos y felices comiendo juntos" (1). El mismo título hace afirmaciones atrevidas, basadas sin embargo no en tradiciones y mitos, sino en estudios científicos, en gran parte sobre adolescentes.

Para prevenir problemas

Veamos, por ejemplo, el estudio que motivó el trabajo de Weinstein. El objetivo del Centro Nacional sobre Adicciones y Drogas (CASA), de la Universidad de Columbia, es que los jóvenes no caigan en conductas destructivas (consumo de drogas, alcohol y tabaco, así como embarazos de adolescentes). En 1996 hizo un estudio para ver si había algo característico de los chicos que no presentan tales problemas. Para sorpresa de los investigadores, resultó que comer en familia era más importante que la asistencia a la iglesia o las notas.

Desde entonces, el CASA viene repitiendo esta encuesta todos los años. La de 2003 muestra significativas diferencias entre dos grupos de adolescentes, según la frecuencia con que comen en familia: dos o al menos cinco veces por semana. En el segundo grupo son más los que dicen no haber probado nunca el tabaco (85%, contra el 65% en el primer grupo), el alcohol (68% contra 47%) o la marihuana (88% contra 71%). Esos mismos chicos presentan también menos problemas de ansiedad y tedio, y sacan mejores notas.

A resultados similares han llegado Marla E. Eisenberg y sus colegas (Universidad de Minnesota), que en 1998-99 reunieron datos de 4.767 adolescentes de distintas zonas. Según este estudio, comer en familia habitualmente contribuye a prevenir depresiones y suicidios, especialmente entre las chicas. La influencia negativa de no comer en familia se mantiene aun entre los chicos que dicen tener "buenas relaciones" con sus padres, así como una vez descontada la influencia de la situación matrimonial, el grado de instrucción, la raza y el nivel socio-económico de los padres. Los autores del estudio aventuran que "quizás las comidas en familia proporcionan a los padres una ocasión, formal o informal, de atender al bienestar emocional de sus hijos adolescentes, las chicas en especial".

De los jóvenes estudiados por los investigadores de Minnesota, solo una cuarta parte hacía siete o más comidas en familia por semana, y un tercio, una o dos, o ninguna. Pero hay indicios de mejora: las encuestas CASA muestran un aumento de la proporción de adolescentes que comen en familia no menos de cinco veces a la semana: del 47% en 1998 al 61% en 2003.

Una ocasión para hablar

Si las comidas familiares no hicieran más que prevenir el consumo de drogas en adolescentes, solo por eso valdría la pena tenerlas. Pero, naturalmente, hacen mucho más que eso. Previenen males porque antes han cumplido una tarea más fundamental. Como dice Weinstein, "estas comidas permiten a los hijos comunicarse regularmente con los padres, y a los padres comunicarse con los hijos. Nos conectan con nuestras tradiciones religiosas, culturales y familiares".

Regularidad es lo que ante todo Weinstein tiene en mente cuando llama "ritual" a la comida familiar. No es algo que hayamos de reinventar todos los días, algo que nos exija empeño para que sea un tiempo de convivencia familiar con "calidad"; es algo que prácticamente cualquiera puede hacer. La comida familiar "saca partido de necesidades biológicas y sociales básicas. Nos permite realizar aquello en que consiste ser una familia: cuidamos unos de otros, compartimos cosas, recorremos juntos el camino de la vida". Esta intimidad natural es la base sobre la que luego se levanta la "calidad". "Los investigadores descubren que nuestros más significativos recuerdos de la infancia no son grandes acontecimientos, como espectáculos o eventos deportivos, sino más bien el cariño mutuo, el compartir, el pasar tiempo juntos", dice Weinstein.

Pero el sentido religioso del "rito" no está fuera de lugar cuando hablamos de las comidas familiares, como han aprendido tantas generaciones acostumbradas desde la infancia a bendecir la mesa, y Weinstein, de tradición judía, no teme traerlo a colación. "Dedicarnos tiempo, hacer de nuestra mesa lo que una mujer que entrevisté llamaba 'un pequeño lugar santo', constituye un oasis en nuestro ajetreado mundo", dice. Podríamos ir más allá y decir, con James Stenson en su web Parent Leadership (www.parentleadership.com), que la comida familiar es "un tiempo sagrado para compartir, en el que invocamos la bendición de Dios sobre la familia y nos tratamos con cordial respeto".

Aprendizaje de virtudes

Stenson hace este comentario a propósito de las buenas manera en la mesa, asunto que vuelve a ponerse de moda ahora que los padres criados en los tiempos del "todo vale", en los años sesenta y setenta, se descubren desprovistos de recursos para preparar a sus hijos para la vida social.

Una comida que reúne a la familia entera –y que no es saboteada por la televisión (el 53% de los adolescentes encuestados para un estudio piloto en Minnesota decían que solían ver la tele durante las comidas), el teléfono, mensajes de móvil, Internet, videojuegos o alguien que se levanta de la mesa antes de tiempo para acudir a una cita– es sin duda el entorno ideal para aprender a comportarse en la mesa. Desde pequeños, los niños aprenderán del ejemplo de sus padres e irán adquiriendo el hábito de las buenas maneras (¡o de las malas!).

Aprenderán, como señala Weinstein, cosas tan elementales como qué cantidad es razonable ponerse o en qué consiste una comida equilibrada; a privarse de tomar algo fuera de hora para que todos tengan apetito al momento de sentarse a la mesa; a hacer pausas para conversar, y así evitar comer demasiado (nuestro organismo necesita veinte minutos para tener sensación de saciedad) y también los melindres. De este modo los niños estarán protegidos contra la obesidad, y las niñas, en especial, contra la anorexia y otros trastornos alimentarios.

Comer en familia también enseña a los niños a mantener una conversación –a escuchar y a contar– y, al parecer, les suministra la mayor parte de su vocabulario.

Además –y esto es más importante–, las comidas son ocasiones naturales para asimilar la historia y los valores de la familia, y a aplicar esos valores en la vida cotidiana y a los problemas y oportunidades que encontrarán en la sociedad. Muchos de esos valores pueden hacerse virtudes alrededor de la mesa misma: estar atento a las necesidades de los demás, levantar el ánimo con una anécdota divertida, generosidad para dejar a otro la mejor porción de postre...; o inmediatamente antes y después: cuando los niños ayudan a preparar la comida y a quitar la mesa y fregar los platos, aprenden a servir a los demás y también a cuidar de sí mismos.

Una forma fácil de cuidar la familia

Con todo esto y mucho más a su favor, ¿por qué ha decaído la comida familiar? Actúan, por una parte, fuerzas exteriores, como la competencia de la comida rápida y las distracciones electrónicas que tanto se han multiplicado. Por otra parte, hay también factores como el trabajo de las madres fuera del hogar (el estudio de Minnesota muestra una correlación entre comidas familiares y madres que solo trabajan como amas de casa), horarios de trabajo excesivos (sobre todo entre los padres), niños con demasiadas actividades (entrenamientos, natación, clases de música...) y madres separadas o solas.

Pero, con excepción de la madre sola (un padre que vive en alguna parte pero nunca está a la mesa es un obstáculo permanente, psicológico y también práctico, para la cena familiar), ¿no son, en el fondo, excusas todas o casi todas las demás razones para no comer en familia?

En un reciente artículo del "Wall Street Journal" (29-07-2005), el editor neoyorquino Cameron Stracher indicaba una razón, que por lo general no se reconoce, del declive de las comidas en familia: los padres no quieren comer con sus hijos. Decía Stracher: "Muchos hombres dicen que, si hubieran de escoger entre tiempo y dinero, optarían por el tiempo; en realidad, escogen el dinero. Al fin y al cabo, ¿quién quiere habérselas con una niña de seis años presa de una rabieta porque le han puesto la pasta con salsa verde? Es mucho más cómodo quedarse en la oficina, encargar la cena, tomar una cerveza y volver a casa cuando los niños ya están durmiendo. Hay familias en que padre y madre están en casa pero esperan para cenar hasta que los niños se hayan ido a la cama. Como me dijo una madre: 'No es divertido comer con ellos'".

Stracher, por su parte, ha decidido cooperar: ha instaurado las "cenas con papá", comprometiéndose a cenar con su mujer y sus dos hijos al menos cinco noches por semana durante un año entero.

Nadie debería restar importancia a las fuerzas que hoy amenazan la cohesión de la familia y convierten a sus miembros en compañeros de piso que comen solos y tienen su comunidad en otra parte. Comer juntos no es todo, cuando se trata de intimidad familiar y del bienestar de los pequeños; pero sin duda es una parte y, como Weinstein sugiere, la parte más factible. Añadamos fuerza de voluntad y la comida familiar recobrará su puesto en el hogar.

____________________

(1) Miriam Weinstein, "The Surprising Power of Family Meals: How Eating Together Makes Us Smarter, Stronger, Healthier and Happier", Steerforth, Hanover (EE.UU.), 2005, 272 págs, 22,95 $.

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La religión es buena para la presión sanguínea

La religión es buena para la presión sanguínea
19.05.06 @ 14:33:54. Archivado en Estudios
Lo revela un estudio presentado este jueves en EEUU. Ir a la iglesia y rezar “puede proteger a los individuos expuestos al estrés y pueden demorar los efectos destructivos de la hipertensión”.

http://blogs.periodistadigital.com/vidasaludable.php/2006/05/19/la_religion_es_buena_para_la_presion_san
El estudio incluyó a más de 5.300 personas de raza negra en EEUU, y fue realizado por expertos del Centro Médico de la Universidad de Misisipi, en Jackson.

“Nuestras conclusiones –dijo Sharon Wyatt, miembro del equipo de investigadores– muestran que la integración de la religión y la espiritualidad pueden proteger a los individuos expuestos al estrés”.

Y eso puede demorar la hipertensión, que es “un factor en el desarrollo de los males cardiovasculares entre los afroamericanos”, indicó.

“Las disparidades cardiovasculares entre los afroamericanos están ampliamente reconocidas”, agregó Wyatt en la reunión de la Sociedad Estadounidense de Hipertensión, en Nueva York, donde fue presentado el trabajo.

La cuestión de si las creencias religiosas y las oraciones –tanto de los pacientes como de otros en favor de ellos– tendrían algún efecto sustancial en la evolución de sus males, o en la recuperación después de operaciones, ha sido objeto de muchos estudios en los últimos meses. Y el debate está abierto.

Por ejemplo, en marzo pasado, un grupo de científicos publicó un artículo en la revista “American Heart Journal” en el que afirmaban que la oración en favor de un enfermo no sirve para ayudar a su curación.

Pero ahora también el Centro Nacional de Medicina Complementaria y Alternativa de EEUU. indicó en un comunicado que “algunas investigaciones anteriores han sugerido que la religión y la espiritualidad pueden tener un efecto protector de la salud en el resultado de las enfermedades”.

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Los efectos de perder la cabeza por una mujer

Los efectos de perder la cabeza por una mujer
20.04.06 @ 17:45:46. Archivado en Curiosidades
(Periodista Digital).- La Historia está llena de grandes historias de amor que provocaron decisiones quizás poco acertadas para sus protagonistas. Eduardo VIII, por ejemplo, perdió la cabeza por la estadounidense Wallis Simpson y por ella renunció a la corona de Inglaterra. Perder la cabeza por alguien no es algo especialmente extraño, pero ahora un grupo de investigadores de la universidad belga de Lovaina ha logrado relacionar la pasión masculina por las mujeres atractivas con un descenso en su capacidad de toma de decisiones. La vieja expresión presente desde siempre en la sabiduría popular tiene, al fin, una explicación científica.

http://blogs.periodistadigital.com/vidasaludable.php/2006/04/20/los_efectos_de_perder_la_cabeza_por_una_

La revista Proceedings of the Royal Society B, una de las publicaciones de la academia británica de ciencias, dedicada especialmente a la biología de la evolución y el comportamiento, ha dado a conocer los resultados de la investigación belga: la hipótesis sugerida por el estudio afirma que las cuestiones sexuales son una gran distracción en los pensamientos de los hombres, llegando incluso a impedirles centrarse en los temas fundamentales que requieren su atención.

La testosterona, responsable

Todo tiene una explicación científica relacionada con la producción de hormonas: al parecer, los niveles de testosterona se disparan cuando un hombre se encuentra ante una mujer por cuyos encantos se siente atraído; y esto ocurre especialmente entre aquellos cuyos niveles naturales de la hormona masculina son elevados. En otras palabras: que cuanto más macho se sea, más posibilidades hay de meter la pata con decisiones erróneas o poco justas. Para medir la cantidad de testosterona se usó la técnica de calcular la diferencia de tamaño entre los dedos índice y anular, un sistema que, a pesar de sonar a truco de la abuela, posee rango científico.

El procedimiento del estudio consistía en sentar a los voluntarios, estudiantes heterosexuales de entre 18 y 28 años, por parejas, y analizar sus reacciones cuando cada cierto tiempo les mostraban distintos tipos de imágenes u objetos. Unos recibieron fotografías de paisajes; otros, imágenes de mujeres mayores y de modelos jóvenes; y un último grupo se dedicó a evaluar la calidad, textura y color de unos sujetadores y camisetas interiores. A continuación debían participar en un juego económico que pretendía imitar en laboratorio situaciones que en la naturaleza serían de caza o de búsqueda de comida.

Hombres impulsivos

Los hombres expuestos a las insinuaciones sexuales eran los que menos se preocupaban por la marcha del juego, llegando a aceptar ofertas mucho más injustas que aquellos que no habían sido expuestos. Estaban pensando en otra cosa. Dentro de este grupo los peor parados fueron aquellos con la testosterona por las nubes. Sigfried DeWitte, uno de los científicos belgas a cargo del estudio, explica este dato: “Los hombres con elevados niveles de testosterona son muy vulnerables a las insinuaciones sexuales. Si no hay insinuaciones cerca actúan con normalidad, pero si observan imágenes sexuales se vuelven impulsivos”.

Los investigadores ya tienen en marcha otro estudio similar con mujeres, pero ellas parecen más fuertes y todavía no se ha logrado acertar en la búsqueda de estímulos visuales que afecten a su comportamiento. Mientras tanto intentan dar alguna solución a los hombres abocados al ansia sexual constante. Es DeWitte quien abre la puerta a la esperanza para todos ellos: “Se trata de una tendencia, estas personas no son menos poderosas que otras para combatirla. Una cosa son los niveles de hormonas, pero se puede aprender a manejarlos”.

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La psicología y el bienestar, temas estrella de las revistas femeninas

La psicología y el bienestar, temas estrella de las revistas femeninas
“Psychologies”, nacida en Francia, ha lanzado ediciones en varios idiomas

Firmante: M. Angeles Burguera
26-10-2005
121/05

http://www.aceprensa.com/art.cgi?articulo=11955

La prensa femenina está en plena evolución. Los gustos y aficiones de las lectoras cambian y las editoriales intentan adaptarse con el fin de no perder su cuota de mercado. Los títulos tradicionales se relanzan con nuevos enfoques y surgen publicaciones para sectores de población casi inexplorados. La psicología, el bienestar y la salud se han convertido en los temas estrella de una actividad empresarial que cada vez se especializa más para superar la competencia de los medios electrónicos.

Uno de los motivos principales del cambio son las nuevas tendencias de consumo. "Las lectoras practican un tipo de "zapping", de gran consumo, con la llegada de Internet, del teléfono móvil, etc. –afirma Bruno Gosset, director de desarrollo editorial de Emap Francia–, por lo que los editores deben inventar nuevos conceptos", para competir con la avalancha de contenidos que llegan a diario a una misma consumidora.

La preparación cultural de las mujeres ha mejorado notablemente. La inserción profesional, al menos en algunas etapas de la vida, y la participación más activa en la marcha de la sociedad originan lectoras diferentes, con mayor cualificación, más seguras de sus intereses, que ya no luchan por sus derechos sino que han pasado a una nueva fase de reafirmación personal. Precisamente el eslogan principal de la campaña de lanzamiento de una reciente revista francesa –"Côté Femme"– afirma con rotundidad que la revista nace "porque las mujeres han cambiado".

En un panorama como éste, las revistas generalistas –llenas de enfoques prácticos para el hogar y dirigidas a jóvenes y mayores, sin distinción de edad–, han dejado de tener sentido. En Francia, por ejemplo, subsisten todavía los grandes títulos como "Elle" o "Marie-Claire"; pero otras revistas, como "Femme Actuelle", basadas en consejos útiles para la casa o la familia, pierden tirada constantemente.

El filón de la "psi"

Para hacer frente a esta situación los editores optan por la especialización de contenidos. Por ejemplo, el interés creciente por los temas ligados a la psicología y a la psiquiatría se ha convertido en un modo de acceder a otros grupos de lectoras. Esta tendencia –común a la prensa en general y a todo tipo de lectores y lectoras– ha fraguado en el caso de las revistas femeninas en publicaciones casi monográficas, como es el caso de "Psychologies-Magazine". Este título, existente en Francia desde 1970 y dirigido a los profesionales, dio el salto a la divulgación en 1997, cuando el empresario y psicólogo Servan-Schreiber lo convirtió en un verdadero éxito editorial, con una tirada semanal cercana a los 350.000 ejemplares.

La revista, dirigida a mujeres profesionales que superan los 35 años, ofrece varios reportajes centrados en la salud psíquica y el bienestar general, además de tests de autoconocimiento y terapias diversas para superar los problemas emocionales más corrientes. La fórmula se completa con una entrevista a un personaje famoso y un consultorio atendido por un prestigioso profesional, como el psiquiatra Luis Rojas Marcos para la versión española. La revista, con mucho más texto que fotos, responde a lo que se ha llamado "el culto al yo", y, además de a España, se ha extendido a Italia, Bélgica, Gran Bretaña, y proyecta su lanzamiento en Rusia y China el próximo año.

Para la Dra. Santos, del Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas, este interés creciente por la psiquiatría y la psicología que se manifiesta en la prensa y también en programas de radio y televisión "responde a una necesidad profunda del ser humano, que necesita saber quién es para ser feliz". En su opinión, esta tendencia divulgativa es positiva, pero solo en cierta medida, porque a veces carece de calidad. "Hay publicaciones de autoayuda que son una tomadura de pelo y defraudan porque no tienen rigor ni método". "En otros casos –afirma– cabe el riesgo de querer encontrar en la psiquiatría puntos de referencia vitales, que la ciencia quizá no puede dar y que cada persona debe encontrar por sí misma". La tendencia, que ofrece sin duda un filón de éxito para las editoriales, refleja que "la sociedad se ha psiquiatrizado; se acude al psiquiatra o al psicólogo para todo, precisamente porque fallan otras referencias".

La última iniciativa de Servan-Schreiber es la revista "Mood", que, aprovechando el tirón de la marca "Psychologies", pretende refundir varias de estas últimas tendencias. Bajo la cabecera –una palabra inglesa que significa humor o estado de ánimo–, se ofrece una publicación asociada a una página web, centrada en la psicología y destinada a mujeres jóvenes, de 15 a 22 años. Una combinación de elementos capaz de aunar un buen número de consumidoras potenciales y de atraer, por tanto, publicidad suficiente para hacer negocio, según explica su promotor.

M. Ángeles Burguera

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Un rito sencillo que fortalece el hogar y educa a los chicos

Un rito sencillo que fortalece el hogar y educa a los chicos
El asombroso poder de la comida familiar

Firmante: Carolyn Moynihan
12-10-2005
113/05

http://www.aceprensa.com/art.cgi?articulo=11894

Hace cincuenta años, antes de la expansión de las megápolis, la globalización y los matrimonios de dos sueldos, había un rito cotidiano llamado comida familiar, que reunía a padres e hijos alrededor de la mesa. Y no solo para comer, sino también para contarse cómo había ido el día, escuchar a los demás y estrechar los lazos familiares.

¿Un mito? Quizás. A decir verdad, también hace cincuenta años había empleados con turno de noche, padres que viajaban mucho y madres que trabajaban fuera de casa. Había profesionales que salían tarde del trabajo y papás que pasaban por la taberna antes de ir a casa, también tarde. La conversación en la mesa tal vez consistía, muchas veces, en peleas entre los chicos y exhortaciones de los padres: "esos modales...", "acostúmbrate a comerte lo que te pongan"... ¡Para quién no sería un alivio, a veces, poder librarse de la compañía de sus personas más cercanas y más queridas para dedicarse a sus aficiones!

De todas formas, el mito de la comida familiar encierra una verdad esencial sobre la vida doméstica y el bienestar personal que en nuestro mundo individualista y tecnificado solemos olvidar. Esto es lo que descubrió la periodista norteamericana Miriam Weinstein en el curso de un estudio sobre alimentación, y lo que le movió a escribir "El asombroso poder de las comidas familiares: Cómo nos hacemos más inteligentes, fuertes, sanos y felices comiendo juntos" (1). El mismo título hace afirmaciones atrevidas, basadas sin embargo no en tradiciones y mitos, sino en estudios científicos, en gran parte sobre adolescentes.

Para prevenir problemas

Veamos, por ejemplo, el estudio que motivó el trabajo de Weinstein. El objetivo del Centro Nacional sobre Adicciones y Drogas (CASA), de la Universidad de Columbia, es que los jóvenes no caigan en conductas destructivas (consumo de drogas, alcohol y tabaco, así como embarazos de adolescentes). En 1996 hizo un estudio para ver si había algo característico de los chicos que no presentan tales problemas. Para sorpresa de los investigadores, resultó que comer en familia era más importante que la asistencia a la iglesia o las notas.

Desde entonces, el CASA viene repitiendo esta encuesta todos los años. La de 2003 muestra significativas diferencias entre dos grupos de adolescentes, según la frecuencia con que comen en familia: dos o al menos cinco veces por semana. En el segundo grupo son más los que dicen no haber probado nunca el tabaco (85%, contra el 65% en el primer grupo), el alcohol (68% contra 47%) o la marihuana (88% contra 71%). Esos mismos chicos presentan también menos problemas de ansiedad y tedio, y sacan mejores notas.

A resultados similares han llegado Marla E. Eisenberg y sus colegas (Universidad de Minnesota), que en 1998-99 reunieron datos de 4.767 adolescentes de distintas zonas. Según este estudio, comer en familia habitualmente contribuye a prevenir depresiones y suicidios, especialmente entre las chicas. La influencia negativa de no comer en familia se mantiene aun entre los chicos que dicen tener "buenas relaciones" con sus padres, así como una vez descontada la influencia de la situación matrimonial, el grado de instrucción, la raza y el nivel socio-económico de los padres. Los autores del estudio aventuran que "quizás las comidas en familia proporcionan a los padres una ocasión, formal o informal, de atender al bienestar emocional de sus hijos adolescentes, las chicas en especial".

De los jóvenes estudiados por los investigadores de Minnesota, solo una cuarta parte hacía siete o más comidas en familia por semana, y un tercio, una o dos, o ninguna. Pero hay indicios de mejora: las encuestas CASA muestran un aumento de la proporción de adolescentes que comen en familia no menos de cinco veces a la semana: del 47% en 1998 al 61% en 2003.

Una ocasión para hablar

Si las comidas familiares no hicieran más que prevenir el consumo de drogas en adolescentes, solo por eso valdría la pena tenerlas. Pero, naturalmente, hacen mucho más que eso. Previenen males porque antes han cumplido una tarea más fundamental. Como dice Weinstein, "estas comidas permiten a los hijos comunicarse regularmente con los padres, y a los padres comunicarse con los hijos. Nos conectan con nuestras tradiciones religiosas, culturales y familiares".

Regularidad es lo que ante todo Weinstein tiene en mente cuando llama "ritual" a la comida familiar. No es algo que hayamos de reinventar todos los días, algo que nos exija empeño para que sea un tiempo de convivencia familiar con "calidad"; es algo que prácticamente cualquiera puede hacer. La comida familiar "saca partido de necesidades biológicas y sociales básicas. Nos permite realizar aquello en que consiste ser una familia: cuidamos unos de otros, compartimos cosas, recorremos juntos el camino de la vida". Esta intimidad natural es la base sobre la que luego se levanta la "calidad". "Los investigadores descubren que nuestros más significativos recuerdos de la infancia no son grandes acontecimientos, como espectáculos o eventos deportivos, sino más bien el cariño mutuo, el compartir, el pasar tiempo juntos", dice Weinstein.

Pero el sentido religioso del "rito" no está fuera de lugar cuando hablamos de las comidas familiares, como han aprendido tantas generaciones acostumbradas desde la infancia a bendecir la mesa, y Weinstein, de tradición judía, no teme traerlo a colación. "Dedicarnos tiempo, hacer de nuestra mesa lo que una mujer que entrevisté llamaba 'un pequeño lugar santo', constituye un oasis en nuestro ajetreado mundo", dice. Podríamos ir más allá y decir, con James Stenson en su web Parent Leadership (www.parentleadership.com), que la comida familiar es "un tiempo sagrado para compartir, en el que invocamos la bendición de Dios sobre la familia y nos tratamos con cordial respeto".

Aprendizaje de virtudes

Stenson hace este comentario a propósito de las buenas manera en la mesa, asunto que vuelve a ponerse de moda ahora que los padres criados en los tiempos del "todo vale", en los años sesenta y setenta, se descubren desprovistos de recursos para preparar a sus hijos para la vida social.

Una comida que reúne a la familia entera –y que no es saboteada por la televisión (el 53% de los adolescentes encuestados para un estudio piloto en Minnesota decían que solían ver la tele durante las comidas), el teléfono, mensajes de móvil, Internet, videojuegos o alguien que se levanta de la mesa antes de tiempo para acudir a una cita– es sin duda el entorno ideal para aprender a comportarse en la mesa. Desde pequeños, los niños aprenderán del ejemplo de sus padres e irán adquiriendo el hábito de las buenas maneras (¡o de las malas!).

Aprenderán, como señala Weinstein, cosas tan elementales como qué cantidad es razonable ponerse o en qué consiste una comida equilibrada; a privarse de tomar algo fuera de hora para que todos tengan apetito al momento de sentarse a la mesa; a hacer pausas para conversar, y así evitar comer demasiado (nuestro organismo necesita veinte minutos para tener sensación de saciedad) y también los melindres. De este modo los niños estarán protegidos contra la obesidad, y las niñas, en especial, contra la anorexia y otros trastornos alimentarios.

Comer en familia también enseña a los niños a mantener una conversación –a escuchar y a contar– y, al parecer, les suministra la mayor parte de su vocabulario.

Además –y esto es más importante–, las comidas son ocasiones naturales para asimilar la historia y los valores de la familia, y a aplicar esos valores en la vida cotidiana y a los problemas y oportunidades que encontrarán en la sociedad. Muchos de esos valores pueden hacerse virtudes alrededor de la mesa misma: estar atento a las necesidades de los demás, levantar el ánimo con una anécdota divertida, generosidad para dejar a otro la mejor porción de postre...; o inmediatamente antes y después: cuando los niños ayudan a preparar la comida y a quitar la mesa y fregar los platos, aprenden a servir a los demás y también a cuidar de sí mismos.

Una forma fácil de cuidar la familia

Con todo esto y mucho más a su favor, ¿por qué ha decaído la comida familiar? Actúan, por una parte, fuerzas exteriores, como la competencia de la comida rápida y las distracciones electrónicas que tanto se han multiplicado. Por otra parte, hay también factores como el trabajo de las madres fuera del hogar (el estudio de Minnesota muestra una correlación entre comidas familiares y madres que solo trabajan como amas de casa), horarios de trabajo excesivos (sobre todo entre los padres), niños con demasiadas actividades (entrenamientos, natación, clases de música...) y madres separadas o solas.

Pero, con excepción de la madre sola (un padre que vive en alguna parte pero nunca está a la mesa es un obstáculo permanente, psicológico y también práctico, para la cena familiar), ¿no son, en el fondo, excusas todas o casi todas las demás razones para no comer en familia?

En un reciente artículo del "Wall Street Journal" (29-07-2005), el editor neoyorquino Cameron Stracher indicaba una razón, que por lo general no se reconoce, del declive de las comidas en familia: los padres no quieren comer con sus hijos. Decía Stracher: "Muchos hombres dicen que, si hubieran de escoger entre tiempo y dinero, optarían por el tiempo; en realidad, escogen el dinero. Al fin y al cabo, ¿quién quiere habérselas con una niña de seis años presa de una rabieta porque le han puesto la pasta con salsa verde? Es mucho más cómodo quedarse en la oficina, encargar la cena, tomar una cerveza y volver a casa cuando los niños ya están durmiendo. Hay familias en que padre y madre están en casa pero esperan para cenar hasta que los niños se hayan ido a la cama. Como me dijo una madre: 'No es divertido comer con ellos'".

Stracher, por su parte, ha decidido cooperar: ha instaurado las "cenas con papá", comprometiéndose a cenar con su mujer y sus dos hijos al menos cinco noches por semana durante un año entero.

Nadie debería restar importancia a las fuerzas que hoy amenazan la cohesión de la familia y convierten a sus miembros en compañeros de piso que comen solos y tienen su comunidad en otra parte. Comer juntos no es todo, cuando se trata de intimidad familiar y del bienestar de los pequeños; pero sin duda es una parte y, como Weinstein sugiere, la parte más factible. Añadamos fuerza de voluntad y la comida familiar recobrará su puesto en el hogar.

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(1) Miriam Weinstein, "The Surprising Power of Family Meals: How Eating Together Makes Us Smarter, Stronger, Healthier and Happier", Steerforth, Hanover (EE.UU.), 2005, 272 págs, 22,95 $.

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día de la madre los cambios sociales dibujan diferentes formas de entender y ejercer la maternidad

día de la madre los cambios sociales dibujan diferentes formas de entender y ejercer la maternidad

Casi 400.000 hogares se componen por una mujer sin pareja y con hijos
Madres solteras, cada vez más por vocación, viudas y divorciadas con niños representan al 87% de los hogares monoparentales, un modelo familiar en alza

M. J. GUZMÁN / C. MALAGÓN

sevilla. Madre no hay más que una, pero las formas de entender y ejercer la maternidad son muchas. La imagen de la madre cada vez tiene menos que ver con el ama de casa que cuidaba de su marido y su prole y que se proyectaba en las películas españolas de los años 70. La revolución familiar en la que se ve inmerso el país ha multiplicado a los prototipos de madres actualmente y, en algunos casos, incluso ha eliminado la figura para sustituirla por dos papás, o bien la ha reforzado con dos mamás, como ocurre en las parejas homosexuales.

Los tiempos cambian y, al margen de los nuevos modelos familiares surgidos, el perfil de la madre también se ha modificado. Las españolas tienen ahora su primer hijo a los 31 años, como media, no se casan hasta ser treintañeras y la mayoría da a luz una o dos veces. Además, en la última década el porcentaje de mujeres que opta por estrenarse como madres fuera del matrimonio se ha duplicado y ésta es la opción que elige ya una de cada cinco españolas. Además, en el 20 por ciento de los hogares es ya la mujer la que sustenta económicamente a la familia y, en el caso de las casadas, el porcentaje de trabajadoras se ha duplicado desde 1987, pasando de dos millones de mujeres en España a casi cuatro, según datos oficiales.

Todas estas transformaciones dan lugar a nuevas carencias y demandas y hace la maternidad diferente para un alto número de mujeres en España.

Casi 400.000 viven en solitario con sus hijos. Son los hogares monoparentales tan en alza y que casi en un 87 por ciento de los casos –según las últimas estadísticas del Ministerio de Asuntos Sociales– tienen al frente a una mujer. La mayoría están formados por mujeres separadas y divorciadas que asumen la tutela de los menores. Éstos son casi la mitad, a los que hay que sumar más de 51.000 constituidos por mujeres viudas, casi 50.000 que estando casadas viven en solitario y 62.000 constituidos por mujeres solteras.

Este último colectivo protagoniza un fenómeno nuevo en España y que se ha disparado en poco tiempo. Las mujeres solteras por vocación. María del Mar González, profesora del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla, habla de un cambio "estructural y funcional", ya que hasta hace poco el modelo de madre era el "modelo patriarcal", el de "padre y madre con una distribución muy clara de roles, la madre estaba en casa y no desarrollaba labor remunerada", cuando en estos momentos "este modelo de familia es sólo uno más de los presentes, ya que han cambiando en cuanto al funcionamiento y dinámicas".

La tendencia, desde los últimos 30 años en adelante, es que "vamos hacia una maternidad que se concilia con otra serie de actividades". En este sentido, María del Mar González explica que "las madres están ocupándose de otras actividades fuera de casa y tienen vida personal, cada vez comparten más la maternidad con su pareja, los cuidados de los hijos se reparten por igual entre padre y madre". "Ya no somos como nuestras madres, desarrollamos otra serie de tareas al hilo de ser madres, modelos más ricos".

En cuanto a estos nuevos modelos, apunta que el que más abunda dentro de la "familia no convencional" es de la madre sola, bien porque está divorciada, haya elegido ser madre soltera o se haya quedado viuda. "Aquí nos encontramos distintos perfiles –dice–, el de las madres solas sobrepasadas por las muchas tareas que tienen que atender en solitario y que se complican con la precariedad económica en la que se encuentran, pero también el de las madres que han elegido serlo en solitario y que, afortunadamente, están saliendo adelante porque cuentan con las condiciones económicas y personales para hacerlo".

Esta psicóloga indica que esta opción es "un fenómeno muy reciente, que se viene dando desde hace unos cinco años, y que cuenta ya con el dato de que el 10 por ciento de adopciones y de tratamientos de reproducción asistida se lo están llevando estas madres solteras". Esta tendencia ya se había iniciado en los países anglosajones pero aquí, a los investigadores, según apunta María del Mar González, les ha sorprendido "que llegara tan pronto y con tanta virulencia". Y no saben "cuándo tocará techo".

Según González, "lo que está ocurriendo es que las mujeres no quieren renunciar a la maternidad pero no están dispuestas a tener cualquier pareja para ser madres. El 90 por ciento de este grupo tiene entre 35 y 40 años, la edad del límite de la fertilidad y el límite de la posibilidad de adoptar, la mayoría son solteras y separadas y deciden que sí, que asumen esa maternidad".

Entre otros perfiles maternos que existen en la sociedad actual, esta psicóloga cita el de las lesbianas, "donde la diferencia está en el modo en que esta mujer ama, en el modo en que comparte su vida"; y el de las nuevas parejas de padres que ya tienen hijos, "mujeres que asumen un rol maternal con niños que no son biológicamente suyos y a los que acaban queriendo como hijos".

Por su parte, el presidente de la Federación andaluza Colegas, David Cedeño, señala que en lo que se refiera al colectivo al que representa, el de gays y lesbianas, "se está avanzando muy poco a poco en las facilidades para las familias homoparentales", aunque reconoce que hoy día hay "más hogares de este tipo que son visibles". A partir de la Ley que regula el matrimonio homosexual y recoge la opción de que estas parejas puedan adoptar niños, "sí es cierto que algo que siempre ha sido tabú por lo menos ha pasado al debate público", informa Cedeño. "Muchas parejas homosexuales que vienen a plantearnos dudas a la sedes de Colega no sólo quieren resolver cuestiones en torno a la adopción, por ejemplo, sino que igual nunca se habían imaginado construir una vida en común pensando en casarse y mucho menos en convertirse en padres o en madres; todos tienen ahora que cambiar chip".

Eso es lo que intenta el colectivo de separados que lucha por la custodia compartida. Con el lema Las madres también queremos la custodia compartida se movilizarán hoy en ciudades como Valencia para sensibilizar a la sociedad de que las actuales políticas de familia en España son inadecuadas.Pilar Morales tiene 42 años y, de repente, se ha encontrado con una familia numerosa. Hace años que conoció a Raimon –en la foto junto a ella–, su socio y "compañero en la vida". Él tiene dos hijos: un niño de 10 años y una niña de 7 "que han entrado en mi vida y en mi corazón con la misma mezcla de fuerza y suavidad con que entró su padre", comenta esta barcelonesa que festeja que no haya habido ningún conflicto en la relación. "Los fines de semana que compartimos son muy agradables y los niños quieren que estemos siempre los cinco –los niños incluyen en la familia a un enorme perro que trajeron los Reyes Magos– juntos". Lo único "anormal" en sus vidas es la decisión "tomada por la inercia del sistema judicial que nos ha condenado a vernos sólo cuatro días al mes..." Pilar y Raimon están unidos también en la lucha por la custodia compartida pero, de momento, los fines de semana alternos Pilar sueña que es "madre" cuando la niña pide a los "ángeles de los deseos" (esas pelusas blancas que vuelan por el aire) que traigan la custodia compartida.