Los efectos de perder la cabeza por una mujer
20.04.06 @ 17:45:46. Archivado en Curiosidades
(Periodista Digital).- La Historia está llena de grandes historias de amor que provocaron decisiones quizás poco acertadas para sus protagonistas. Eduardo VIII, por ejemplo, perdió la cabeza por la estadounidense Wallis Simpson y por ella renunció a la corona de Inglaterra. Perder la cabeza por alguien no es algo especialmente extraño, pero ahora un grupo de investigadores de la universidad belga de Lovaina ha logrado relacionar la pasión masculina por las mujeres atractivas con un descenso en su capacidad de toma de decisiones. La vieja expresión presente desde siempre en la sabiduría popular tiene, al fin, una explicación científica.

http://blogs.periodistadigital.com/vidasaludable.php/2006/04/20/los_efectos_de_perder_la_cabeza_por_una_

La revista Proceedings of the Royal Society B, una de las publicaciones de la academia británica de ciencias, dedicada especialmente a la biología de la evolución y el comportamiento, ha dado a conocer los resultados de la investigación belga: la hipótesis sugerida por el estudio afirma que las cuestiones sexuales son una gran distracción en los pensamientos de los hombres, llegando incluso a impedirles centrarse en los temas fundamentales que requieren su atención.

La testosterona, responsable

Todo tiene una explicación científica relacionada con la producción de hormonas: al parecer, los niveles de testosterona se disparan cuando un hombre se encuentra ante una mujer por cuyos encantos se siente atraído; y esto ocurre especialmente entre aquellos cuyos niveles naturales de la hormona masculina son elevados. En otras palabras: que cuanto más macho se sea, más posibilidades hay de meter la pata con decisiones erróneas o poco justas. Para medir la cantidad de testosterona se usó la técnica de calcular la diferencia de tamaño entre los dedos índice y anular, un sistema que, a pesar de sonar a truco de la abuela, posee rango científico.

El procedimiento del estudio consistía en sentar a los voluntarios, estudiantes heterosexuales de entre 18 y 28 años, por parejas, y analizar sus reacciones cuando cada cierto tiempo les mostraban distintos tipos de imágenes u objetos. Unos recibieron fotografías de paisajes; otros, imágenes de mujeres mayores y de modelos jóvenes; y un último grupo se dedicó a evaluar la calidad, textura y color de unos sujetadores y camisetas interiores. A continuación debían participar en un juego económico que pretendía imitar en laboratorio situaciones que en la naturaleza serían de caza o de búsqueda de comida.

Hombres impulsivos

Los hombres expuestos a las insinuaciones sexuales eran los que menos se preocupaban por la marcha del juego, llegando a aceptar ofertas mucho más injustas que aquellos que no habían sido expuestos. Estaban pensando en otra cosa. Dentro de este grupo los peor parados fueron aquellos con la testosterona por las nubes. Sigfried DeWitte, uno de los científicos belgas a cargo del estudio, explica este dato: “Los hombres con elevados niveles de testosterona son muy vulnerables a las insinuaciones sexuales. Si no hay insinuaciones cerca actúan con normalidad, pero si observan imágenes sexuales se vuelven impulsivos”.

Los investigadores ya tienen en marcha otro estudio similar con mujeres, pero ellas parecen más fuertes y todavía no se ha logrado acertar en la búsqueda de estímulos visuales que afecten a su comportamiento. Mientras tanto intentan dar alguna solución a los hombres abocados al ansia sexual constante. Es DeWitte quien abre la puerta a la esperanza para todos ellos: “Se trata de una tendencia, estas personas no son menos poderosas que otras para combatirla. Una cosa son los niveles de hormonas, pero se puede aprender a manejarlos”.